Síndrome de Florencia

Si os cuento que el otro día vi un OVNI en Florencia posiblemente la mayoría no me creeríais y eso sería lo normal. Posiblemente desde vuestra racionalidad pensaríais que estoy de broma o que he sufrido una alucinación.
La verdad es que desde mi punto de vista agnóstico del tema posiblemente me pasaría lo mismo. Los OVNIS, ese fenómeno relativamente reciente, no tienen el crédito de la mayoría de la población. Aunque cuando hablamos de vida inteligente más allá de nuestro planeta la cosa empieza a cambiar, y más aun si tan solo damos la posibilidad al concepto “vida”, es entonces cuando nos planteamos que tal vez no estemos solos en el Cosmos.

Bien, no vi un OVNI, no es eso, pero si me ocurrió algo que en un primer (y segundo y tercer momento) no identifiqué y que a medida que han pasado los días me empieza a hacer dudar de lo que en realidad ocurrió. Os lo explicaré:

Estaba en un viaje de trabajo por la capital de la Toscana, acompañando a unos viajeros de nuestra agencia. Era nuestro segundo día por la ciudad-museo, que como bien sabréis está repleta de obras de arte, que espontáneamente encuentras a cada paso, en cada rincón. En una plaza, en un puente, en las mismísimas tapas de los registros de luz municipales…
Esa mañana habíamos visitado la Santa Croce, esa iglesia situada en la plaza que lleva su mismo nombre. Habíamos podido admirar en todo su esplendor la luz que desprenden los mármoles blancos, negros, rojos y verdes con los que está recubierta la fachada. También pudimos rendir tributo solemne a los personajes ilustres que descansan en su interior como Galileo, Miguel Ángel, Machiavelli, Rossini, entre otros.
Por la tarde cumplimos uno de los objetivos de ese viaje: la visita de la Galería de los Uffizi, el palacio museo que contiene una de las colecciones de arte más antiguas y famosas del mundo. Se trata de la pinacoteca más visitada de Italia, y eso ya es mucho decir. Para comprender bien la visita contratamos una guía experta en arte del Renacimiento, porque tratar de entender en unas pocas horas ese movimiento artístico debe hacerse bien y sin duda vale la pena que algún entendido te introduzca paso a paso y de forma didáctica. La guía dio una explicación excelente que me transportó al maravilloso mundo de los artistas  renacentistas y lo que con sus cuadros trataron de expresar. La visita empezó con las obras de Masaccio, concretamente con la pintura “Virgen con niño” donde la virgen se humaniza representando hacerle cosquillas a su hijo quien sonríe tomando la mano de su madre. A partir de ese cuadro la guía nos adentró en la sucesión de discípulos de Masaccio quienes transformaron para siempre la concepción de la pintura: Filippo Lippi, Filippino Lippi, llegando a Boticceli y sus pinturas de grandes dimensiones representando temas profanos: “La primavera” y “El Nacimiento de Venus”. De pronto, comencé a sentirme mal, aturdido, el ritmo cardiaco se me aceleró, un hormigueo se instaló en mis manos, un zumbido en los oídos me hizo retirarme el auricular a través del que me llegaban las pinturas convertidas en palabras. Me espanté, creía que iba a perder el conocimiento y eso no era posible. Tiré de todo el autocontrol del que fui capaz. Control de la respiración, relajación mental y cualquier argucia que me permitiese mantener la verticalidad.

Acabé la visita sin poder apreciar el final de las explicaciones, pero en pié y muy dignamente pudiendo alcanzar con mis clientes la salida y el aire fresco del invierno florentino. Esa noche continué alterado, con dolor de cabeza, contracturado e insomne. La interpretación que le di a ese capítulo de malestar, fue atribuirlo a una subida de presión arterial o tal vez a un malestar causado por problemas con las cervicales. Tanto levantar el cuello para admirar el arte de la ciudad, bien podrían haber causado una inflamación de las cervicales, algo que no me resulta en absoluto ajeno. Eso, sumado al estrés habitual de los viajes y a vivencias negativas recientes podían ser los causantes de aquel mal momento.

Al día siguiente ya estaba bastante recuperado. Cansado por la falta de sueño pero más aliviado de la angustia y el dolor cervical. Acabé el viaje disfrutando de la gastronomía y de las maravillas de Florencia, que siempre me sorprende con los tesoros que dejaron para nosotros los antiguos artistas. Una ciudad a la que regresar una y otra vez y en cada ocasión encontrar una nueva joya para los sentidos.

No fue hasta un par de día después, que de pronto reparé en algo que había leído en muchas otras ocasiones y que me había pasado desapercibido. ¡No podía ser! Esas cosas son leyendas del Romanticismo pensé…

…El Síndrome de Stendhal, o El Síndrome de Florencia, o también conocido como el Síndrome del viajero. Es una enfermedad psicosomática que causa aumento del ritmo cardiaco, vértigos, temblor, palpitaciones. Y además lo causa cuando el individuo es expuesto a un gran número de obras de arte situadas en un mismo lugar.

El Sindrome de Stendhal se ha convertido en paradigma de la reacción romántica ante la contemplación de la belleza y el goce artístico. Es conocido de este modo en referencia al escritor francés del siglo XIX Henri-Marie Beyle, cuyo seudónimo fue Stendhal, quien dio una descripción en 1817 sobre este fenómeno que experimentó al visitar la iglesia de la Santa Croce y que publicó en sus escritos tras un viaje por Italia.

Esto es un fragmento de lo que Stendhal narró sobre su experiencia que hoy la hago mía:

«Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme».

Tengo que añadir que cuando reparé en que mi malestar podría no había sido casual y empecé a bucear en internet los paralelismos me hicieron dudar de mi escepticismo. Leer que han existido multitud de casos de vértigos y desvanecimientos en Florencia y especialmente mientras se visita la Galería de los Uffizi no me deja indiferente. Por lo que averigüé estos casos no fueros descritos como un síndrome hasta 1979 cuando la psiquiatra Graziella Margherini estudió más de cien casos entre turistas y visitantes de Florencia.

Ahora le sigo dando vueltas desde mi desconocimiento en la materia, sobre si realmente a Stendhal, a los cientos de viajeros o a mí, nos afectó el arte en mayúsculas o tan solo los problemas cervicales o la hipertensión de los que nos dedicamos a la práctica del sedentarismo. Y es que uno, lamentablemente carece del romanticismo necesario para creer en OVNIS.

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